Lunes 6 de octubre de 2008, por El Lu
El pasado sábado a la noche haciendo tiempo para esperar a que un amigo saliera de un lugar, iba por la calle tomando un vinito y en eso un chabón que estaba limpiando vidrios en una esquina de la plaza Moreno me pidió un trago. Le convidé y entonces me invitó a fumar, ahí nomás en la esquina. También tenía una tiza chiquita y me quiso invitar a tomar, pero ni daba. Así que me quedé ahí con el loco, charlando, tomando un vinito.
Se llama Juan Pablo y es simpático, barbudo, croto, cordobés. Para en la calle limpiando vidrios de autos para ganarse el manguito, y cuando me lo encontré andaba con una caja con un par de gatitos recién nacidos que había rescatado de un tacho de basura. Después de un rato, después de que el vino se terminó, nos fuimos pateando para la Rocha a copetear algo. El Cordobés se fue a dejarle las monedas al del puestito de panchos y le compró un tostado. Lo primero que hizo fue partirlo y darme una mitad, así, sin preguntarme si quería ni nada. Después fuimos hasta un quiosco, compró una birra (yo no tenía ni monedas) y la tomamos tranqui panki en la plaza. Finalmente, la birra se terminó, nos saludamos y yo arranqué para el barcito donde esperaba mi amigo para ir de joda.
El Cordobés me contó un par de flashes de su vida, que su mujer falleció, que fue chorro y por chorro estuvo preso como ocho años, que por chorro a su hijo hace tiempo ya lo mató la gorra (¡cuando tenía doce años!), y que tiene una madre que es pastora evangélica que le cuida sus dos hijas. No obstante, él estaba esperando que se ponga la noche para irse de joda al Varieté.
La reflexión: Gente de plata te mira mal si no andás en un auto de quichicientosmil dólares; gente careta te mira mal si no vas vestidito a la moda; pibes chorros te miran mal si no sos vos también un pibe chorro, y si lo sos, también te miran mal; gente aplicada y estudiosa te mira mal si sos un vago; gente prejuciosa te mira mal si estás reloco; gente común no compartiría nada (sin interés mediante) con un desconocido. Y sin embargo un sucio, croto de mierda, un pobre diablo que vive al día, en la calle, y que quizá ha vivido ya demasiado, un tipo que a un pibe como yo —según los patrones de la lógica de nuestra sociedad— habría ante todo de tratar de sacarle y ni pensar de darle, me invitó a fumar, a tomar, a copetear, a comer, según creo, solo por haberme mostrado con él indiferente y no desconfiado.
Cosas como ésta me dejan regulando la cabeza. Hay veces que hasta veo la oscuridad en gente que conozco muy bien y desde hace tiempo, y sin embargo este cordobés callejero me transmitió una sensación de total transparencia.